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Embarazo adolescente en Chile aumenta en menores de 14 años.

En el Día Mundial para la Prevención del Embarazo Adolescente, un nuevo estudio revela el drama de las niñas madre. Pero también la falta de una política global para abordar el tema, pese a su clara incidencia en la deserción escolar y en la pobreza.

La adolescencia siempre ha sido una etapa compleja de entender para el mundo adulto. Sobre todo a la hora de hablar de sexo. En Chile, el embarazo adolescente se mide usualmente entre los 15 y 19 años, tramo en que las cifras están descendiendo. Sin embargo, poco se ha dicho acerca del grupo de niñas entre 11 y 14 años. Según un estudio titulado “Madres-niñas adolescentes de 14 años y menos. Un grave problema de salud pública no resuelto en Chile”, las embarazadas de este grupo eran 1.058 al año 2003. Y la tendencia es al alza desde 1993.
Las embarazadas de 11 a 14 años representan poco menos del 3 por ciento de la población de madres. Sin embargo, esa cifra esconde una serie de dramas sociales. Según Ramiro Molina, médico e investigador del Centro de Medicina Reproductiva de la Universidad de Chile (CEMERA) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, los niños que son hijos de adolescentes “no son esperados y eso provoca que nazcan en un entorno que no los quiere, por lo que la tasa de maltrato, accidentes en el hogar y abandono es mucho mayor en este grupo”. Para él, hay un problema grave en nuestro país. Más aún cuando las tasas de embarazo adolescente están íntimamente ligadas con la condición socioeconómica de las menores.
Según este mismo estudio, una jovencita de Cerrillos tiene 35 veces más posibilidades de ser madre antes de los 14 que una que resida en Vitacura. “¿Qué pasa ahí, es que las niñas de Vitacura no tienen relaciones sexuales tan tempranamente? Puede ser, pero también puede que tengan mayor acceso a anticonceptivos, más educación y no podemos descartar que también tengan mejor acceso a la interrupción clandestina profesionalizada del embarazo”.
¿Y las Políticas Públicas?
El estudio de CEMERA no es el único que arroja luces sobre el problema. Hoy, el Centro Latinoamericano de Salud y Mujer (CELSAM) da a conocer un trabajo de investigación en que 2/3 de las jóvenes encuestadas -entre 13 y 19 años- dicen que en su colegio no tienen un programa estable de educación sexual; piden una educación “más realista” y señalan que su principal temor es al embarazo. Esto, sin importar su condición socioeconómica.
Ramiro Molina apunta al Ministerio de Educación, el que “no tiene un programa concreto para aplicar en los colegios y no ha sido decidido para poner el tema en el tapete”. En el MINEDUC aseguran que en estos momentos están desarrollando un Plan de Afectividad y Sexualidad, que para este año espera estar en régimen en cien comunas del país. Actualmente son cerca de 50 las que cuentan con alguna estrategia, la que es incluida como parte del currículum. Sin embargo, la actual LOCE no obliga a los colegios a contar con un plan de sexualidad y la nueva Ley General de Educación tampoco menciona el tema. Existe una planificación que comenzó en 2005 y terminará en 2010, en la que se espera que cada establecimiento decida cuál será su estrategia de prevención.
Pero Molina dice que “se han tenido más bien declaraciones teóricas y políticas, pero no una política clara de desarrollo que tiene que incluir no sólo la formación de personal, sino la implementación concreta de programas”.
En el Ministerio de Salud, a partir de este año existe el Programa de los y las Adolescentes y Jóvenes. La doctora Paz Roblado es la encargada nacional, un puesto que demoró más de diez años en ocuparse. Ella justifica el que la atención en consultorios sea familiar, y que el enfoque no sólo sea tratar el embarazo, sino que otros temas anexos de salud juvenil. Cuenta que a partir de este año esperan contar con un presupuesto propio y en carpeta está un Manual de Consejería en Salud Reproductiva y las normas de regulación de fertilidad, con un capítulo dedicado a los adolescentes y la forma en que se debe trabajar con ellos en los centros de salud.
El tema es que según el estudio de CELSAM las jóvenes consideran aceptable tener relaciones sexuales en el pololeo y piensan de manera similar aún cuando estudien en colegio religioso o laico. Y no sólo critican la falta de políticas hacia ellos, sino también la labor de sus propios padres: dicen que siempre les hablan de lo que no debe hacerse, y que no se han dado cuenta de que ya crecieron, por lo que no le dan validez a sus consejos. En este estudio, los (las) adolescentes dan tarea para la casa a toda la sociedad.

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